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Que alguien me escuche

No sé por qué tengo la manía de querer escribir justo a la hora de tirarme a la cama. Puede que sean todas las emociones vibrando dentro de un cuerpo desgastado que necesitan salir y transformarse, como energía, más nunca desvanecerse. Cuando entro en contacto con la cama después de un día de trabajo, solo siento que sigo presionando ese botón de reinicio que me hunde cada día más en este círculo vicioso. Y es desesperante, de monomaniacos. Es desesperante el querer transmutar toda tu vida, borrarlo todo y comenzar de nuevo, y no tener idea de por dónde empezar. ¿Por dónde, en todo este Dédalo, debo crear esa brecha para salir de aquí? Al estrujar mi cara contra la almohada, me sumerjo cada vez más en esta sensación de vacío, de un cuerpo inerte a emociones, que debe levantarse a aderezar su sinsentido todos los días, hasta fenecer frente a este agravio que llamamos salir adelante. Y es ahora cuando entiendo que mi demencia le ha cortado todos los hilos, menos uno, donde pende mi  cord
Más de una vez me han acudido los sinsabores de palabras fementidas. Es como si mi cerebro lo hiciera adrede.  Justo cuando creo que por fin y de una vez por todas he superado ese desplome, que siento el vigor de una gallardía pincelando la vida en mis mejillas, viene este corazón resentido a cruzarme la cara y recordarme por qué en primer lugar estuve en aquel despeñadero, espabilando mis buenos humores y alimentando el rencor. No sé que es peor, Si descubrir la supercheria o darse cuenta de que estuviste cayendo en un abismo cuando pensaste volar.
En medio de una crisis mundial y posible desarrollo de teorías maltesianas, me desarraigo el cabello y estribo mis ojos hacia lo inmóvil de una pared en blanco. Me reconforta su planicie insípida, Indiferente e Impasible, escuchando en calma la exasperación. ... Un Alma de Cántaro.
No son pocos los asuntos de los que me arrepiento, que no se si traducirlo a recogimiento o amor propio, deshonra quizás? Ir más allá de lo que parece razonable, con ese accionar que aturde con excitación los latidos en mi pecho, sabiendo que estaba mal. Lo justifiqué todo el tiempo, esta tentación, que no hacía mas que tocar a mi puerta para dejarla entrar.  Arqueado de imprudencia, con frenesí desmedido, convicciones que nunca lo fueron. Ignoré el precipicio a propósito, para que los sueños no acabaran, Sabiendo que esto que sentía regio nunca fue existente. Anhelé ser dichosa, y mi castigo fue el entendimiento, al final es malo no saber lo que se pesca por desear un poco de amor?
Qué ojeriza esta psicopatía de andar zahiriendo mi estima, de cavilar mi valía de pequeña, para que retenga tu interés. No soy estirpe de un Adonis, no hay dicha de Afrodita que me escolte, ¿Será mi cuerpo cortés a tus ojos, aunque no cumpla el dechado? Es difícil no inclinarme a compulsar, que tal ves si fuera como aquella no tendría que inquietarme, pero la incordia consume, la envidia es una ponzoña que no despacha. Mas si cargando este desgarbo te tengo a mi lado, nunca precisé del auxilio de un encanto aparente, ni  de la piedad de un atractivo huero. Qué ojeriza esta psicopatía, de andar zahiriendo mi estima, de creer que cambiando lo conspicuo, llegaría a ser feliz.
Que arábigo y delicado es aquel impulso, de apetecer tu dulce belfo, de escrutar incesante tu esencia en apostura. Pernicioso pensamiento, galante óbito, bailando trenzada en enardecimiento, Y aún viendo a Dios en desnudez desvergonzada, entre amores y reembolso, sombras y cuerpos ... no pienso en otra cosa que no seas tu.
Cuán perecedero el tiempo, seduciendo sin caretas las estrellas y el edén, Si el dolor se marchara así de rápido, si olvidar fuera así de cándido, los bríos que murmullan a solas cesarían su canto, no hay himnos que robustecer. Si perdonar fuera así de zonzo... como saborear la hoja de un papel al pasar la página, sin pecado que te detenga, la debilidad sería insulto. Pero cómo disuadir al olvido, para que así marchite mi congoja, cerque entre sus brazos esa sonrisa gastada. Cómo contagiar su lástima, alma perecedera, no correspondida, ven y acalla esta locura.