Cuando sospecho

Estuve algo ensimismada en estas últimas semanas,
sobre si me sigues timando.
Lo malo de que lo hayas hecho tantas veces es que todo lo que digas estará a prueba,
bajo lupa, bajo la intensa mirada de sospecha, buscar lo mínimo que pudiera desaparecer su validez.


La histeria,
el cómo la zozobra carcome mis ideas,
el cómo nacen nuevas conclusiones y teorías,
el corazón se me acelera cuando tengo la oportunidad de encontrar algo,
de justificar por fin todo lo que sospecho,
y aun no encontrando nada,
me quedo con esa sobresalto de inconformidad, de vacío,
 de que todo lo que pensé entonces no es cierto y tengo que darte la razón,
cuando en mi mundo amplio y poderoso juro que no es como me lo pintas.

Pero, el juego tiene pausa de vez en cuando,
me canso,
 a veces necesito darme un respiro y ser feliz por momentos,
mas no entiendo este desamparo tan ferviente que me obliga insistir en encontrar pruebas
y por fin tener el poder para humillarte,
 para hacerte sentir todo lo que me has hecho sentir y peor,
de por fin desaparecerte de mi mundo,
convertirte en el malo del cuento y el que siempre sufrirá por lo que hizo para que esto acabara, pero… no.
Llegas con tu sonrisa estúpida y me derrites el corazón.

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